Reseña sin spoilers: La diosa de la ilusión de Madeline Taylor

El auge de la fantasía romántica nos está dejando un sinfín de publicaciones y, en este panorama, La diosa de la ilusión de Madeline Taylor se presenta como una propuesta que cumple su función de entretener, pero que adolece de una falta de originalidad evidente. Es un libro que se devora rápido pero que deja una constante sensación de déjà vu.

 
El principal lastre de la novela radica en la construcción de sus personajes, especialmente en su interés romántico. Thorne no se siente como una creación propia; parece más bien un clon nacido de juntar los tropos más exitosos del género. Es una mezcla descarada de Xaden Riorson (Alas de sangre) por su aura implacable y peligrosa, con Rhysand (ACOTAR) por su faceta protectora y sarcástica, aderezado con el misterio silencioso de Azriel (también de ACOTAR).

Esta falta de identidad propia afecta directamente a la química central. La relación que mantiene con Ivy se vuelve bastante tóxica en algunos momentos. El libro romantiza el clásico cliché de que el protagonista masculino sea borde, distante y desagradable con absolutamente todo el mundo menos con ella. En la literatura actual, esto ya no se lee como un gesto romántico, sino como una red flag de manual que empaña la evolución de la pareja y resta madurez a la trama.

A pesar de sus clichés, el libro es muy entretenido y la autora sabe cómo mantener el interés. El universo mitológico que plantea es sutilmente interesante, aunque sufre del síndrome de la "óptica de túnel": la autora cuenta muy poco de lo que hay fuera de la isla en la que se desarrolla toda la trama, limitando la inmersión del lector en el lore general y mostrando pinceladas de un mundo que merecía más espacio.

Sin embargo, el gran salvavidas de la novela es su ritmo final. El plot twist del desenlace es, sin duda, lo más interesante del libro. Taylor se guarda un as bajo la manga que rompe con la previsibilidad de los capítulos anteriores y que consigue dejarte con la boca abierta, justificando de golpe el viaje y abriendo una puerta muy jugosa para la continuación.

Una lectura ligera y adictiva para los amantes del género que no busquen revolucionar su estantería. Si logras pasar por alto las actitudes cuestionables de su protagonista y su falta de originalidad, el giro final hará que la experiencia merezca la pena.

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