Entrar en una lectura con expectativas elevadas suele ser un arma de doble filo, y con El libro de las hojas caídas de A. S. Tamaki, el corte ha sido profundo. Tras una campaña de promoción que prometía una epopeya a la altura de los grandes referentes del género, la realidad es que el libro se queda en un intento deslavazado de fantasía épica. Es una obra que cumple el trámite, pero que no logra dejar huella.
El principal problema de este libro es que se ha vendido como "el nuevo Canción de hielo y fuego", una comparación que no le hace ningún favor. No se parece en nada a la obra de George R.R. Martin, salvo en un detalle superficial: la división del reino. Mientras que en Poniente tenemos Casas, aquí tenemos clanes. Ahí termina cualquier parecido.A nivel de política, el libro es prácticamente inexistente. No hay intrigas reales, ni movimientos de piezas maestros, ni esa sensación de peligro inminente tras cada diálogo. Todo ocurre de forma lineal y previsible. Del mismo modo, la magia es intrascendental; se presenta como algo importante pero apenas afecta al devenir de la trama, sintiéndose más como un adorno que como una fuerza viva de la historia.
Una buena fantasía épica se sostiene sobre los hombros de sus personajes, pero aquí los hombros son de papel. Los protagonistas resultan muy planos; carecen de matices, de carisma o de una evolución que justifique las páginas que ocupan.
El mayor pecado de la novela es la falta de empatía: no le coges cariño a ninguno. Te vuelves un espectador pasivo de sus desdichas y, a mitad del camino, esa desafección se convierte en urgencia por terminar. No quieres seguir leyendo para saber qué pasa, solo quieres que se acabe pronto el libro para poder pasar a otra lectura que te despierte algo más de entusiasmo.
Una lectura decepcionante si buscas profundidad. Un libro que se deja leer pero que se olvida nada más cerrar la última página. Si esperas estrategia política o magia fascinante, mejor busca en otra librería.

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