Regresar al oscuro y peligroso mundo de Callie Hart siempre es una experiencia intensa. En Brimstone, la autora mantiene esa atmósfera asfixiante y cargada de tensión que nos atrapó desde el inicio. Sin embargo, tras el impacto que supuso la primera entrega, esta secuela deja una sensación agridulce: es un libro muy entretenido, pero que se queda un escalón por debajo de su predecesor.
Uno de los puntos que más expectativas generaba en esta continuación era el papel de Carrion. Todo parecía indicar que este personaje secundario, tan magnético y complejo, iba a tener un desarrollo mucho más profundo, llegando casi a reclamar un lugar como protagonista de peso en la trama.
Durante gran parte del libro, disfrutamos de su presencia y de los matices que aporta al conflicto, pero la resolución de la historia nos devuelve a un esquema conocido. Al final, esa promesa de un cambio de enfoque se diluye, y volvemos a ver a Saeris y Kingfisher asumiendo el rol absoluto de héroes que deben salvar a todos una vez más. Aunque su química sigue funcionando, se echa de menos que la autora se hubiera atrevido a ceder más terreno a otras figuras para refrescar la narrativa.
A pesar de esto, el libro no aburre. El ritmo es ágil y Callie Hart sabe cómo manejar los momentos de peligro y la oscuridad del world-building. La ambientación sigue siendo uno de sus puntos fuertes, logrando que nos sintamos inmersos en ese juego de sombras y sacrificios.
Es una lectura obligatoria para quienes disfrutaron del primer libro y quieren seguir explorando este universo, pero puede resultar un poco frustrante si esperabas que los personajes secundarios dieran el golpe de estado narrativo que la trama parecía sugerir.

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