Tras el éxito arrollador de Prohibido enamorarse, la saga Off-Campus continúa explorando los romances del equipo de hockey universitario de Briar. En esta segunda entrega, el protagonismo recae en Logan, el chico rebelde y fiestero, y Grace, una estudiante de primer año. La novela se consolida como una lectura que está bien, sin más: ligera, rápida y apta para pasar el rato, pero lejos de dejar una huella profunda.
El gran mérito de la novela es que resulta innegablemente entretenida. La pluma de Elle Kennedy es fluida, ágil y sabe mantener un ritmo dinámico que permite devorar las páginas sin esfuerzo.
Sin embargo, el desarrollo de los protagonistas deja bastante que desear en comparación con otros títulos del género. Por un lado, Logan es un poco corto de miras en sus decisiones y motivaciones iniciales, costándole reaccionar y ver lo que tiene delante. Por otro lado, Grace es una chica un poco simple que no termina de despegar como heroína romántica. En general, le falta profundidad a todos los personajes, haciendo que sus arcos de evolución se sientan predecibles y un tanto superficiales.
Un aspecto de la trama y del desarrollo general de la saga que resulta llamativo —y frustrante— es la insistencia en que la realización personal pasa inevitablemente por el romance. Una cosa que no me ha gustado es que parece que para ser feliz hay que acabar con pareja; todos los personajes tienen que acabar con alguien.
Esta dinámica de encajar a la fuerza a todo el grupo de amigos en parejas cerradas resta realismo a la vida universitaria y transmite la idea simplista de que la soltería o la independencia personal son solo estados automáticos a corregir antes del capítulo final.
Si buscas una comedia romántica juvenil rápida, con hockey de fondo y sin grandes complicaciones dramáticas, te cumplirá la función de entretener durante un par de tardes.

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