Con Traidores y mazmorras, Kristy Boyce regresa al universo que combina el instituto, la comedia romántica y el juego de rol en mesa (Dungeons & Dragons). Tras Dramones y mazmorras y Marrones y mazmorras, esta tercera entrega centrada en la campaña de Hazel como Dungeon Master y el regreso de su exmejor amigo Max es una novela que cumple, pero que se queda a medio camino en comparación con las anteriores.
El cambio más evidente al abrir este libro es la evolución en el público objetivo o la ligereza del tono. La historia resulta bastante más infantil que los dos anteriores; los conflictos entre la banda de música (color guard vs. percusionistas), los malentendidos y la dinámica en la mesa de rol se sienten mucho más inocentes y descafeinados.
Además, el desarrollo de los tropos (rivals to lovers, childhood friends to lovers) hace que la historia sea tremendamente predecible. Sabes exactamente hacia dónde se encamina la tensión entre Hazel y Max desde las primeras páginas, sin que el guion ofrezca giros o sorpresas que alteren la fórmula habitual de la autora.
En el aspecto de la caracterización, se percibe que la autora lo intenta con ahínco: hay esfuerzo por dotar a Hazel de inseguridades como directora de juego y capitana, y por justificar el resentimiento de Max. Sin embargo, el resultado no termina de cuajar. Los personajes no tienen mucha profundidad y sus arcos de crecimiento resultan un tanto planos, haciendo difícil una conexión emocional más allá del mero pasatiempo.
Es una lectura que cumple su función si lo que buscas es algo sencillo y rápido. Para una lectura ligera te sirve perfectamente para desconectar una tarde con dados, música de instituto y romance blanco, aunque no deje una huella duradera.

Comentarios
Publicar un comentario