Reseña sin spoiler: Yo, Julia de Santiago Posteguillo

Santiago Posteguillo es, sin duda, el gran cronista de la Antigua Roma en nuestra lengua. En Yo, Julia, nos traslada a una de las épocas más convulsas del Imperio: el ascenso de la dinastía Severa. Es una novela muy entretenida y con una labor de documentación impecable, pero que deja algunas sensaciones encontradas en su ejecución narrativa.

El libro es una montaña rusa política. Julia Domna es un personaje fascinante, una mujer inteligente que se mueve entre las sombras del poder en un mundo de hombres. La trama es absorbente, pero el libro resulta bastante largo. Posteguillo intenta abarcar tanto que la estructura se resiente, cayendo en demasiados saltos temporales y espaciales que, en ocasiones, cortan el ritmo de la intriga principal y pueden desubicar al lector.

Lo más reseñable, y quizá el punto más débil de la obra, es el poco desarrollo de las relaciones entre los personajes. A pesar de la importancia de los vínculos familiares y las alianzas, falta esa chispa de humanidad. La narración cae a menudo en el error de "decir" en lugar de "mostrar": el autor te explica a través del narrador cómo se llevan los personajes o qué sienten el uno por el otro, en lugar de dejar que lo descubramos orgánicamente a través de sus escenas y diálogos. Esto crea una barrera emocional que impide que conectes del todo con Julia o con Septimio Severo más allá de su función histórica.

Si te apasiona Roma, la disfrutarás por su rigor y su capacidad para retratar las luchas de poder. Sin embargo, prepárate para una lectura extensa que prioriza los hitos históricos sobre la profundidad de las relaciones personales.

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