Michael McDowell tiene un don innegable para retratar la decadencia y la maldad humana, y en Hija de la venganza despliega todo ese estilo gótico y sangriento que lo caracteriza. La novela es, sin duda, muy entretenida: el ritmo es ágil, las escenas de violencia están narradas con una frialdad magistral y la ambientación de la ciudad de finales de 1800 es asfixiante y perfecta.
En lugar de ser la heroína (o antiheroína) que toma las riendas, se convierte en una mera observadora de las atrocidades y excentricidades de la familia Slape. Son los Slape (los villanos, brutales y grotescos) quienes realmente cargan con el peso de la narrativa, mientras que la protagonista parece esperar a que las cosas simplemente le sucedan.
Este problema se agrava con el cierre de la obra. El final se siente extremadamente precipitado, como si después de páginas de tensión acumulada, McDowell hubiera decidido resolver todos los cabos sueltos de golpe. Esa falta de proactividad de la protagonista hace que el desenlace se perciba más como una casualidad que como un clímax trabajado, dejando al lector con una sensación de "esto podría haber terminado mucho antes". Si te gusta el terror victoriano y los villanos despreciables, te divertirás, pero no esperes un personaje principal que te inspire o que decida su propio destino.

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